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Hoy 143 años del mayor terremoto de la historía del sur peruano

L os terremotos que cada siglo destrozaron la ciudad, obligaron a la renovación del casco urbano de Arequipa, razón por la cual, pocos son los vestigios que han quedado de las viviendas del siglo XVI. De las obras maestras de famosos alarifes como Gaspar Báez, sólo quedan los recuerdos en los documentos o en restos varias veces reconstruidos, como es el caso específico del Puente Bolognesi.. Los terremotos del 22 de enero de 1582, del 19 de febrero de 1600 y del 24 de noviembre de 1604, se encargaron de dejar muy escasos vestigios de la ciudad fundada en 1540. La Arequipa construida en los primeros años posteriores a su fundación, quedó destruida por los sismos originados por la erupción del Huaynaputina, que con sus cenizas quemó los techos de paja existentes.[1] A consecuencia de esos desastres, terremotos y erupciones volcánicas, la mayor parte de los monumentos religiosos sólo conservan elementos, en sus fechados muros, que fueron trabajadas en el siglo XVII. En cuanto a la arquitectura civil se puede afirmar que la mayor parte de las viviendas de la Arequipa colonial que han llegado hasta nuestros días, corresponden al siglo XVIII, cuando no del siglo XIX. Los terremotos del 8 de enero de 1725, del 13 de mayo de 1784 y del 13 de agosto de 1868, obligaron a la reconstrucción de la ciudad. Así lo señalan documentos de la época. Portales de la Plaza de Armas después del terremoto de 1960 Gregorio de Benavente, Corregidor y Justicia Mayor de Arequipa después de haber hecho evaluar los daños originados por el terremoto del 8 de enero de 1725 dijo que “toda la mayor parte de las casas de los vecinos aunque están en pie han quedado en la mayor parte inhabitables y muchas arruinadas desde sus cimientos y sus dueños favoreciéndose en los patios, donde habrán de pasar las noches y el día según se ha reconocido”[2]. El Cabildo tras el terremoto de 1784, en una carta al Rey de España señala “que en solo el limitado tiempo de cuatro minutos fueron arruinados todos sus edificios, compuestos los más de calicanto y bóvedas y los otros de piedra y barro y también de adobes”[3] Agrega: “Pues se destrozaron en tal manera que unos se desbarataron en el todo, y otros que aún quedaron en pie se hallan tan demolidos que demandan el ser derribados para su nueva construcción, y sólo quedaron sin lesión alguna muy pocos que han sido la excepción de la fatalidad común”. El cura Juan Domingo Zamácola y Jáuregui puntualiza “sólo se cuentan como a ocho o diez casas paradas sin mayor riesgo, todas las demás unas por los suelos y otras amenazando inminente peligro por el destrozo, que más quisieran los dueños estuvieran en tierra y algunas para componerse”.[4] Explica que el sismo causó “mayor estrago en donde halló más resistencia, de tal manera que hablando de casas de calicanto, solo se encuentran dos o tres servibles, las demás como digo, unas por los suelos, otras para botar y otras para su prolija compostura”. Según los once alcaldes de barrio, a consecuencia del terremoto de 1784, se produjo 28 muertos y 460 heridos; y sobre un total de 3032 casas, 1633 quedaron asoladas, 799 demolidas, 324 reparables y 276 maltratadas. En la época republicana, el 18 agosto de 1868, cinco días después del terremoto de ese año, el Prefecto Francisco Chocano informa al Ministro de Gobierno sobre los estragos del terremoto. Afirma: “todos los edificios han venido por tierra y las pocas paredes que aún existen, se hace necesario derribarlas”.[5] Y en este siglo, los terremotos del 15 de enero de 1958 y del 13 de enero de 1960, causaron severos daños, especialmente en las casonas construidas sobre la base de sillar y calicanto. También los terremotos del 23 de junio del 2001, de magnitud 8.4, originaron daños en el Centro Histórico de la Ciudad, que poco antes fue declarado “Patrimonio de la Humanidad” por la Unesco.

El 13 de Agosto de 1868, alrededor de las 5 de la tarde, un terremoto sentido entre Guayaquil y Valparaíso afectó las zonas de Moquegua-Arequipa-Tacna-Arica-Iquique.
Arica, entonces territorio peruano, recibió el mayor impacto, principalmente por el tsunami que se originó tras el sismo que alcanzó la costa sudamericana y gran parte de Oceanía.
300 muertos y cuantiosos daños materiales fueron el saldo que dejó en Arica (que pasaría a ser chilena después de la Guerra del Pacífico de 1879). Primero el terremoto, luego una serie de incendios, y finalmente el tsunami con olas de 18 m. de altura, causaron terrible daño en la ciudad. Víctimas esparcidas a lo largo de la costa, barcos arrojados sobre los roqueríos y playas, cantidad de escombros y gran temor, fueron el resultado de este episodio.
Los efectos del maremoto fueron relatados por un sobreviviente del buque de guerra estadounidense “Wateree”, que junto a otras naves como el “Fredonia”, “América”, “Chañarcillo” y “Regalón”, sufrieron tristes consecuencias.
Iquique, Pisagua y Mejillones fueron asoladas por olas de 6 a 10 m de altura y sus calles fueron invadidas por el mar. En Caldera y Carrizal fueron destruidos los muelles y embarcaciones menores. Igualmente en Coquimbo, junto con daños en tres naves de gran calado.
En el centro y sur de Chile hubo grandes marejadas, que también alcanzaron a Constitución, Tomé, Penco, Talcahuano y Concepción.

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